Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.

03/12/2006

Premio

20061203211733-premiolibertad.jpgEl día 3 de diciembre tuvimos el placer de viajar a la ciudad de Libertad ( San José ) a recibir un reconocimiento en el III Certamen Internacional de Poesia y Cuento Breve: "Don Antonio M. Hernández". Se trató del Primer Accesit de la categoría Cuento ganado con "Eclipse de Cordura". Gracias a nuestras anfitrionas Belta Díaz y Alma del Campo por su hospitalidad.
03/12/2006 17:17 Autor: Mariela Rodriguez. Enlace permanente. Tema: EVENTOS Hay 2 comentarios.

Cuento

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ECLIPSE DE CORDURA 

 

Siempre fui racional. Por eso, no deja de sorprenderme como me dejé llevar aquella noche por sentimientos encontrados.

El día se había desarrollado con tranquilidad. Unos pocos pacientes de rutina; hacer el almuerzo para los chicos y mi marido. Arreglar un poco el loquero en que se convertía la casa después de casi una semana de guardia y hacer  llamadas.

Sonó el teléfono y uno de mis hijos me pasó el teléfono.

Estaba de guardia como médico forense, al servicio de lo que pudiese ocurrir y del juez.

Esa noche reclamaban mi presencia en una seccional. Habían detenido a un hombre joven, en los límites de la capital, donde comienzan los campos de sembradíos de fruta y verdura.

Le pedí las llaves del auto a Ramón; con paso apurado, molesta por la hora, eran las 22 horas, estaba por  terminar la guardia, tenía que trasladarme lejos y tarde. La noche estaba apacible pero algo me llamó la atención. Más temprano, antes de cenar, había mirado por la ventana y una luna hermosa coronaba la noche.

Sin embargo ahora no había luna.

Cuando atravesé la puerta del edificio, todo estaba tranquilo. Dos policías tomaban café.

-         Buenas noches, soy el médico forense

-         Buenas noches doctora, el juez no va a venir... pero tenemos un detenido.

-         Bien.¿Qué sucedió?

-         Recibimos llamadas. Había un hombre robando las quintas. Después otros llamados informando que habían lastimado a un individuo de sexo masculino y que estaba herido. Hicimos varias rondas, hasta que lo encontramos.

-         Lo hallamos pero el N/N no estaba robando nada. Dijo el policía joven.

-         Lo examinaré para ver si está herido...

-         Lo va a tener que mandar al psiquiátrico doctora.

Me condujeron hasta la celda. Un hombre joven de unos treinta años, miraba por la ventana con tristeza, tenía heridas leves pero tenía... parecían pedradas. Estaba descalzo, un pantalón viejo y el torso desnudo.

-         Buenas noches, soy la doctora ¿qué le pasó?

-         Nada grave doctora, pero me tiene que dejar salir

-         Tranquilícese, lo voy a curar, mientras cuénteme que estaba haciendo en las quintas. Lo demás lo hablaremos después,

Los policías acercaron el botiquín y se fueron.

-         ¿ Lo apedrearon ?. Pregunté.

-         No tiene importancia, tengo que salir.

-         ¿Cuál es la prisa?

-         Si hay apuro, ¿ porque sabe? Tengo que llevarla de un lado para otro.

-         ¿Qué cosa tiene que llevar? Dije mientras miré alrededor sabiendo que nada tenia.

-         La esperanza, doctora. Yo empujo la esperanza de un lado a otro todas las noches. Para que todos tengan un poco.

-         ¿Así que usted empuja la esperanza ? Para que todos tengan un poco, digamos, la va moviendo.

Ya casi había terminado de curarlo, pero lo que escuchaba no dejaba de sorprenderme. Una locura tan linda nunca se me hubiese ocurrido.

-         Si, la empujo. La luna me ayuda con su luz. Sino, no vería por dónde la tengo que llevar

-         Pero lo pueden confundir y herir. Los dueños de los campos cree que usted esta robando y lo han lastimado.

-         Tengo que empujarla doctora, la esperanza debe estar todos los días en un lugar diferente. Si no lo hago, llamarán a otro que lo haga. ¿Sabe? El encargado de llevarla ahora soy yo.

Esto último lo decía con un orgullo. En sus ojos solo podía ver bondad.

Me había encontrado en situaciones tristes y dramáticas. Pero en ese momento tenía que decidir entre dejar al hombre suelto o internarlo en un psiquiátrico. Nada había hecho. Estaba loco, pero su locura a nadie hacia mal sino a si mismo. Los hospitales para enfermos mentales eran peor que una cárcel.

Seguía frente al informe sin escribir la sentencia de encierro por demencia...

Perdí tiempo deliberadamente tomando café con los policías. No la escribí.

A las dos de la mañana les dije:

-         Señores, van a tener que llamar al otro doctor, mi guardia terminó hace dos horas.

Me miraron sorprendidos y cómplices.

-         No, ¿para que vamos a llamar? El N/N no hizo nada, ya lo curó, lo dejaremos libre

-         Bien, buenas noches caballeros.

Cuando faltaban apenas cinco cuadras para llegar a casa, el espejo del retrovisor me devolvía nuevamente una luna llena, hermosa, tal como la había visto temprano. Una sensación misteriosa me recorrió.

Unas cuantas noches no abandoné el cielo con la mirada, buscando la luna e imaginando al loco empujando la esperanza de un lado a otro. Me sentía feliz de no haber contribuido a su encierro. Con el transcurso del tiempo fui olvidando.

Hace un año de esto y la violencia va en aumento, en la calle como en el supermercado.

Casi en todas las guardias me encontraba con uno o dos cadáveres. Las personas se matan por una discusión.

Por eso anoche cuando me llamaron no me sorprendió.

Subí a la camioneta policial y comenzamos a recorrer la carretera. Dejábamos la ciudad lejos, de frente veía como la luna se eclipsaba levemente.

Me trajo recuerdos. Abandonamos la carretera para tomar un camino, luego otro y otro; hasta pensé que en cualquier momento, se terminaría la senda.

El vehículo se detuvo, los policías bajaron, uno me abrió la puerta.

-         Tenemos que seguir a pie, doctora.

Caminamos hacía un lugar donde se adivinaban sombras, en un pequeño claro entre el maizal. Un grupo de personas con una sola linterna, murmuraban bajo.

Se erguía siniestro un espantapájaros. Presentí lo peor, la luna ya no estaba.

Nos fuimos abriendo paso hasta el lugar. Caminé lentamente hasta el muñeco, su débil cabeza colgaba, sus ojos apuntaban el piso, lo fui descubriendo poco a poco con la luz de la linterna.

A sus pies mi N/N de un año y medio atrás, sus piernas encogidas, el mentón clavado entre las piernas, lloraba amargamente.

-         Hola, tanto tiempo

Su mirada se elevo hasta la mía. Sus ojos llenos de lagrimas me conmovieron como hacia tiempo nada lo lograba. Tenía heridas. 

-         Hola doctora.

-         Hola, ¿que pasó esta vez? Pregunté sabiendo de sobra lo que pasaba.

-         Me cansé, no la empujo más. Lo hago por el bien de todos y me lastiman.

Me desconcertó. El buen loco se había hartado de que lo humillaran.

-         No empujo más la esperanza, ¡que se quede donde quiera!.

-         Pero...¿y si no la empujas que vamos a hacer?

Mientras lo curaba, me atacó el pánico.¿Como se rehusaba a seguir empujando la esperanza ? La luna se había ocultado totalmente.

-         Tenés que seguir, no te des por vencido.

-         No valoran mi esfuerzo, ¡que lo hago por ellos!.

Allí en plena noche estaba con el N/N tratando de convencerlo de seguir con su locura, cada vez mas lejos de internarlo, mientras los policías, dispersaban a la gente alejándolos. No se me ocurría argumento alguno para hacerlo cambiar de idea.

-         ¿Sabes? Mirá, la luna se fue decepcionada. ¡No podemos quedar sin esperanza ni luna !.

-         Es que ella sale para que yo pueda ver donde empujar. Como no empujo no sale.

-         Por eso mismo....vos tenés que seguir. No me vas a decir ahora que unos pocos cuerdos pueden más. Vamos, fuerza, ya sale de nuevo la luna, es sólo un eclipse de cordura, dura poco.

Me paré en mis dos piernas, tembleque, caminé unos pasos hasta los policías. Miré el cielo la luna asomaba apenas una puntita. Sonreí con paz , estaba chiflada...

-         Nos vamos. Dije a los policías.

Y sin mirar atrás me alejé, sabiendo que la esperanza estaba en carrera nuevamente.

  

Autor: Mariela rodriguez

Ilustración: Juan Sosa Di Cono

03/12/2006 17:27 Autor: Mariela Rodriguez. Enlace permanente. Tema: CUENTOS Hay 2 comentarios.

06/12/2006

Premio

20061206235546-chadayl.jpgHoy, 6 de diciembre tuvimos el placer de asistir al Ateneo de Montevideo, a recibir un premio en el XVIII Concurso Literario de Cuento y Poesía: "Prof. Antonio Apa Lucas". Se trató del Primer Premio de la categoría Cuento Corto - Adultos ganado con "Dos Tías".
06/12/2006 19:55 Autor: Mariela Rodriguez. Enlace permanente. Tema: EVENTOS No hay comentarios. Comentar.

Cuento

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DOS TIAS

Eran las diez de la mañana, aún estaba fresco, deseaba que llegara la primavera. El calor de la estufa hacía que los vidrios de la ventana se empañaran. Mientras esperaba que el sol del mediodía calentara el fondo; tomaba el café a sorbitos pequeños, como era su costumbre. Hoy la consulta empezaba tarde, dos pacientes cancelaron las citas. Podría estar mas rato al sol en compañía de sus tías....

Ellas habían quedado solteronas, como única sobrina quedó con ellas a su cargo y prometió no dejarlas solas. Su esposo nunca estuvo de acuerdo con traerlas, tuvo que ir sola por ellas, pero su palabra era su palabra.

Renzzo siempre le dijo que era una “rara” .

Por el fondo se paseaba Bartolomeo, su querido pato blanco ya viejo.

Fue regalo de Renzzo para un cumpleaños, después de pedírselo mucho.¡ Era tan lindo! Nunca quiso perro o gato como todo el mundo. Ella quería un pato.  Le mando hacer un anillo.¿ Porque no podía tener anillo como las palomas mensajeras? Esa si!!! que fue una discusión.

¡Y si que lo tuvo!. Un hermoso anillo labrado en plata, costo varias peleas por la inutilidad que representó para su marido la compra. No entendió que su pato mereciera un trato especial, menos que precisara un anillo de paloma mensajera. La verdad es que Renzzon no entendía mucho de su interior y sentimientos.  Mirenchu ganaba casi siempre aquellos pleitos caseros con dulzura.

El sol comenzaba a calentar, y ella se sentía viva, ansiosa por sacar a las tías a tomar sol. Calzó sus zapatillas, el césped podía tener aún algo de humedad. Le dio comida Bartolomeo y metió el pie derecho en unos de los huecos que preparo el año pasado para el curso de comida aborigen australiana.

Aparto las piedras que se usaba para cocinar en la tierra con el calor del sol. Fue un curso de tres años bastante batallados con Renzzo. Durante meses discutieron por la inutilidad del curso,  dejaba el fondo con piedras que terminaban rompiendo las maquinas de cortar césped del jardinero. Secretamente le dio la razón en algo, nunca logró cocinar nada,  la temperatura nunca se acercaba ni en verano, a las altas que se dan en el desierto australiano. Gracias a dios su sangre vasca se interpuso ante las dificultades y las peroratas de su esposo, y termino el curso.

El fondo había quedado como campo minado, intentó tapar los huecos pero alguno se había escapado, lo taparía, al caer la tarde.

Se acordó cuando vino su amiga Felicia a tomar el te, mirando el fondo, le dijo:

-         Mirenchu ,¿ tenes topos en el fondo.?

A su paso hacia aquel galpón con sótano, en el guardaban todo lo no se usaba, Bartolomeo la saludo con su graznido de bienvenida, siguiéndola como si fuese su madre. Le lustro el anillo de plata con una franela  especial que dejaba a mano.

Se sintió culpable de no poder ganarle la batalla a su marido con respecto de sus tías. Las había ido a buscar a Paysandú. Ella les había dado un lugar en la casa, y como la mayor parte del tiempo lo pasaba en la consulta , las había llevado allí. Pero fue inflexible.

-         Sacás a tus viejas de la sala de espera, Mirenchu, la casa es grande.

Llego al galpón, el sol hacia despedir un olor fresco del musgo de su puerta. Puso la llave en el candado grande y descorrió la gruesa cadena oxidada. Renzzo siempre estaba por poner luz en el galpón pero lo olvidaba. La puerta al sótano estaba al lado de la entrada, de manera que se veía perfectamente por la luz del día. Tiro de la manija ,- le pondría aceite a esa puerta- y bajo con cuidado los tres escalones, que la separaban de sus tías. Mentalmente se pregunto si haberlas ido a rescatar del olvido y soledad para tenerla encerradas estaría bien.

Las condujo lentamente con cariño y cuidado hacia fuera. El césped estaba bien verde y Bartolomeo se paseaba elegante. El fondo era grande, con piscina, y un Kincho hermoso donde algunas noches hacían asado y se juntaban con amigos. Dos sombrillas con juegos de sillas en madera y lona blanca adornaban el costado de la alberca.

Un banco de plaza verde, y una hamaca de jardín debajo de un Jacarandá, y de frente un aljibe falso con azulejos  pais de calais, que brillaban como encerados.

Ese era el lugar preferido para sentarse con sus tías y darles un poco de trato humano y conversación. Las viejas siempre fueron sus preferidas después de su papá. A propósito de su padre en un mes estaría con ella., y sería una nueva discusión. Pero una compañía para las dos tías. Quizás convenciera a Renzzo de darles un lugar mas cerca de su consultorio.

Mecía la hamaca suavemente, entrecerró sus ojos , tenia hora y media antes de la consulta. Hora y media de luz solar para la tia Lidia y la tia Orlinda, una a cada lado de su cuerpo...

-    ¡Mirenchu, tenes cuatro pacientes esperando...!!La voz de Renzzo la despertó.

-         Bueno ya voy, si no protestaras , podría llevar a las tías a la consulta y así....

-         De ninguna manera, vos y tus cosas raras.

-         ¿Pero que tan de raro tiene.....

-         No discutamos, llegamos a un acuerdo ¿no? Ya bastante tengo con Bartolomeo que se cree perro cuando tenemos gente a comer. ¡ Los cráneos de tus tías se quedan en el galpón !

Autor: Mariela Rodríguez

Iustrado : Juan Sosa Di Cono.

06/12/2006 20:00 Autor: Mariela Rodriguez. Enlace permanente. Tema: CUENTOS Hay 5 comentarios.

18/12/2006

Medalla

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El dia 15 de diciembre tuvimos el honor de recibir medalla de honor en el "2do. Concurso de Anécdotas: UN ANIMAL EN MI VIDA" organizada por la O.N.G. EQUS en el Ateneo de Montevideo. Dicha mención de honor correspondió al cuento "318".

La ONG Equs es el primer sistema de emergencia y asistencia solidaria de 24 horas para animales del Uruguay.

18/12/2006 11:02 Autor: Mariela Rodriguez. Enlace permanente. Tema: EVENTOS Hay 1 comentario.

Cuento

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318 

 

La tarde caía, con sendos nubarrones pronosticando tormenta, el aire se respiraba pesado. Me cebé un mate detrás del mostrador, abrí un cajón; ahí estaba: dentro de una vieja carpeta, mi baja del ejército, mi salvoconducto, mi pasaporte a mi vida tal como la había soñado. Estudiar Veterinaria fue algo vocacional, recibirme una alegría y poner mis sentimientos al servicio de los animales una prueba, infelizmente no aprobada, hasta cuatro años después de recibido.

A los veintiocho años era veterinario de una Unidad de Caballería del Ejército. Pasé a tener la tarea de controlador en los Raid de Guerra. Fue cuando comenzó mi lucha interna. Dos años debatiéndome.

Ser controlador no me era grato, las ansias de ganar de los humanos a costa del animal me producían repulsión. Al humano no le importaba el costo, quería sobresalir, llegar, ganar. Poco afectaba llevar el caballo al límite.

Tener el poder de “liquidarlo”, si ya no respondía, fue una potestad que odié.

Por el mes de Noviembre, el día 15 exactamente, se llevaría a cabo un Raid de quinientos kilómetros; nuevamente tendría que ver un espectáculo desagradable por el cual pagaban.

La mente indicaba un camino, el corazón otro.

Más de uno de los animales comenzó a tener problemas a los doscientos y algo de kilómetros; mi atención se centró en uno especialmente fatigado.

El 318 se desplomó a tierra a los trescientos. Le diagnostiqué junto al enfermero, neumonía.

-         Habrá que matarlo, doctor

El 318, era lo más parecido a un pequeño gorrión tirado del nido, ante la mirada felina del enfermero, yo me resistía...Sus ojos ... sus ojos blandos....

-         No, lo voy a trasladar a la unidad.

-         Pero...Doctor, ¿para qué? No tiene solución

Aquel caballo fue un desafío personal y solitario, simplemente a mí me importó salvarlo. Al tener neumonía no debía estar acostado mucho tiempo sobre un lado, había que obligarlo a rotar, pararse, para que no colapsaran sus débiles pulmones. Fue una semana de trabajo y esfuerzo con éxito. Aquel trato continuo con el animal creó lazos afectivos ineludibles, incondicionales. Al entrar a la caballeriza, sentirme a su lado, relinchaba rascando sus patas en señal de reconocimiento.  

Personalmente me importaba muy poco las miradas suspicaces de los enfermeros y caballerizos cuando nos veían en pleno romance de cuidados y reconocimiento. Hacía días me sentía mal físicamente, me estaban tratando por una gripe, andaba decaído, febril.

El 2 de Diciembre, no soporté más; desde la ventana apenas pasado el mediodía (mi físico estaba extenuado) dejé vagar la mirada entre los eucaliptos sacudidos por viento que amenazaba con tormenta. Comenzó a llover, suave, pronosticando un vendaval.

Habían 16 caballos atados a una maroma armada de herraduras viejas, entre los árboles, uno de ellos era mi querido 318.

Levanté el tubo del teléfono para avisar: me marchaba a la sociedad médica. El médico de la unidad no lo tomaría a bien, pero no podía más conmigo mismo. Sería saludable hacer otra consulta.

Llegué a la sociedad médica, entre truenos, relámpagos, y una lluvia torrencial. Análisis primarios ya arrojaron resultados: Hepatitis.

Tres meses en cama, adelgacé bastante, los merengues me dejaron harto. Llegó el día de mi vuelta al trabajo, a la unidad del ejercito.

Después de una montonera de papeles aguardándome en el escritorio, decidido fui a ver al médico de la unidad.

-         Así que resultó una hepatitis...

-         Menos mal que la diagnosticaron. ¿No?

-         Sí, era lo próximo que haría. Le mandaría análisis...

-         Menos mal. Dije con aire irónico.

Dándole la espalda lo dejé con la palabra en la boca.

Lo segundo y de relevancia era ir a las caballerizas. Mi paso era apurado, pero más apremiante era del enfermero tratando de darme alcance.

-         ¡Doctor Andrés...!¡Doctor!

Jadeante llegó a mi lado, cuando comencé a observar los animales, habían nuevos caballos. Pero faltaban otros. Entre los faltantes estaba el 318.

-         ¿Que pasó acá?

-         Le voy a explicar...

-         Que sea rápido, por favor.

-         El día que usted, se retiró hubo tormenta, ¿se acuerda?. El hombre balbuceaba.

-         Perfectamente.

-         Bueno los 16 caballos quedaron expuestos a la tormenta, atados a la maroma debajo de los eucaliptos, hubo tormenta eléctrica....

Mi cara se transformaba, pasaba de la ira , al rencor, a la lástima por los caballos, los recordaba perfectamente, atados, bajo los eucaliptos.

-         Cayeron varios rayos, uno de ellos dio en la maroma. Los mató.

-         Me está diciendo, que murieron electrocutados,¿ porqué nadie de todo el batallón pudo sacarlos a tiempo?

-         Bueno, como llovía que se las pelaba, nadie quería salir. Pero yo sé Doctor como siente usted a los animales, por eso le guardé de recuerdo una herradura de su 318.

Me acompañó en silencio, me dio una especial.

Pedí la baja ese mismo día.

Mi superior me esperaba en el escritorio, me había mandado llamar.

-         Así que se va, pero Doctor..¡ por un caballo!

-         No, no es por el caballo, es por la indiferencia al dolor, que además sufrí en carne propia.

-         No es para tanto, tampoco.

-         Claro ni es su salud, ni su vocación la que está en juego.

Los ojos del hombre me incineraron, con frío del alma, de un alma vacía

-         Bueno, inútil seguir hablando, tomé acá tiene lo suyo.

Mis manos temblaron de alegría cuando tomé el papel, ese certificado que significaba la Libertad.

Autor: Mariela Rodríguez

Ilustrador: José A. Lardone (mendoza-argentina)

18/12/2006 11:04 Autor: Mariela Rodriguez. Enlace permanente. Tema: CUENTOS No hay comentarios. Comentar.

Premio

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El dia 15 de diciembre tuvimos el honor de recibir Primer Premio en el "2do. Concurso de Anécdotas: UN ANIMAL EN MI VIDA" organizada por la O.N.G. EQUS en el Ateneo de Montevideo. Dicha mención de honor correspondió al cuento "La Discusión".

La ONG Equs es el primer sistema de emergencia y asistencia solidaria de 24 horas para animales del Uruguay.

18/12/2006 11:09 Autor: Mariela Rodriguez. Enlace permanente. Tema: EVENTOS No hay comentarios. Comentar.

Cuento

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LA DISCUSIÓN

 

-         ....

-         Me podes llamar como gustes; permitime unos minutos antes de seguir, te voy a contar una historia verdadera.

No soy como la mayoría, ya ves...jamás voy a olvidar mis orígenes, casi vine al mundo en un cajón de verduras y seguramente fui obra de alcohol, droga o simplemente desatino.  Como vinieron mis hermanos menores, ¿para que negarlo? Al contrario de lo que sucede en la mayoría, esto, logró hacerme más fuerte, valorar los sentimientos y dar gracias por lo que he alcanzado. Sin dejar de ser humana con el prójimo, sin que jamás oscurecieran mi alma estos recuerdos de mi niñez y juventud. Por eso vos, vos que te llevas al mundo por delante, con  traje y corbata, te merecés la historia de primera mano...

Hace 30 años, yo tenía 12, y tres hermanos más chicos, creo que ya te lo dije.  No vivíamos en una zona como esta, no, jajaja, para tu información, nuestra casa, si a eso se le podía llamar casa, como vos lo entendés, quedaba cerca del barrio Cuarenta Semanas casi sobre el arroyo Miguelete. La noche del 14 de Julio, el viento soplaba tanto que las chapas de las viviendas amenazaban con volar, casi no habíamos comido. A nuestros padres, no los conocíamos. Somos medios hermanos, sólo el más chico, sabía quien era, un par de veces había venido a visitarlo. Nuestra madre se había ido a “trabajar” dos días antes, sin aparecer para saber como estábamos, yo me tenía que hacer cargo... fijate, con 12 añitos, ahora nuestros hijos a esa edad juegan con sus pc. Mario, es el que me sigue en edad, ayudaba a enfrentar algunas situaciones. El frío nos calaba el pellejo y el hambre las tripas. Solos en esa casita, de intrusos, mitad bloques, mitad chapas.

A los dos de la mañana, sentimos las sirenas, el barullo vecinal era brutal. Los instintos se te agudizan en esas circunstancias, ¿sabés?. Sin pensarlo mucho, le ordené a Mario que saliese rápido de la casa. Como pude me arrastré desde mi jergón, por el piso de tierra, llevándome por delante la garrafa y la única mesa desvencijada. Las sucias tazas de la magra cena, cayeron. Arropé con lo que pude a los dos chicos, cargándolos en mis brazos. La calle era un infierno, la noche era gélida y hambruna, los bomberos gritaban que nos alejáramos. Mario lloraba dando vueltas sin decidirse a salir del todo, esa fue una de las pocas veces que  grité a alguno de mis hermanos, para que obedeciera de una vez.  Mis ojos, mis ojos buscaban a mi madre entre el gentío. La desolación, miedo, hambre catapultaban mis ansias de encontrarla en cualquier par de ojos con pollera. Lo poco y ruinoso que teníamos se prendía fuego...no sabíamos de la vida nada que no fuese pobreza y ensañamiento. Los vecinos tan pobres, o más que nosotros, sus casas,  perros y gatos, eran fantasmas iluminados por las lenguas de fuego. Algunos miraban, otros trataban de salvar lo poco que tenían. Pasaban a nuestro lado como si fuésemos incorpóreos, cosas y personas eran uno, desdibujados por la desgracia y la oscuridad, eran simples bultos,...  Mario se  despegó de mi lado, para correr al lado de uno de los bomberos. Aquel niño de 9 años, mal comido,  lloraba mientras le imploraba al hombre, tironeándole la manga: “Por favor, por favor, atrás, en el fondo, tenemos a una perrita con cachorros. ¡Sáquela, por favor.!”

¡Era cierto, fijáte, como éramos pocos para repartir la penuria, él había dado casa y un poco de nuestra hambre a una callejera! que parió en una caja, 8 cachorros de los más diversos colores y tamaños. El bombero, le acarició la cabeza, habló algo a sus compañeros y entró. Ya habían tomado fuego las casas linderas. Tardó unos 20 angustiosos minutos en volver. Pero trajo la perra en sus brazos. Se la entregó a Mario. Yo seguía buscando a mi madre, preguntándome que haríamos, nosotros cuatro solos. Mario se sentó en la vereda, con la vagabunda entre las piernitas. Me miró sonriente, los surcos que dejaban las lagrimas, en la mugre de su rostro... no lo voy a olvidar más, y preguntó: “¿Mamá cuando llega?

Esa fracción de segundos,  esa pregunta simple, para la cual mi corazón no tenía respuesta, fue la culpable; la entenada escapó de las piernas, y se zambulló por la puerta de nuestra casita. Ligera, ágil. Quedamos desolados, el fuego era impresionante. Era la única fuente de luz en el barrio. Alumbraba dolorosamente todo el entorno miserable. El rostro del bombero fue una respuesta terminante, al pedido aún sin formular, de mi hermano.

Pasaron las horas lentas, todo se redujo a unos pocos escombros. Los vecinos  nos habían alcanzado tazas con leche. Los bomberos preparaban sus mangueras y equipo para irse, todo había culminado para ellos. Pero para Mario no, encaminó sus pasos nuevamente al auto-bomba. El mismo hombre estaba al volante, escuchando idénticas palabras de las 3 de la madrugada: “Por favor sáquela, por favor”. Sería inútil explicarle, todo parecía ya inútil. Vaya a saber que fibras tocaba el pedido de mi hermano, que, bajándose, aquel fortachón entró nuevamente a la casa en ruinas.

Esta vez demoró un poco más, pero salió con la caja . Dentro estaban la perra, con sus cachorros prendidos de las tetas, muertos, el denso humo los había ahogado, sin remedio. ¿No se si comprendés...?  La forma de calmar los aullidos de su cría, fue darles de mamar hasta que dejaron de existir. Ella también se fué, claro.  Fué su opción de vida. Mis ojos jamás volvieron a encontrar los de mi madre, quedé toda la vida buscándola. Por eso...por eso mismo te decía :  Podés llamarme como quieras, pero entendelo, no ofendés, no lastimás. Sólo me haces digna cuando me llamás : “Perra..”

 
18/12/2006 11:32 Autor: Mariela Rodriguez. Enlace permanente. Tema: CUENTOS Hay 11 comentarios.




BARDA

Mariela Rodriguez Alonso
Escritora uruguaya.

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