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BARDA

Cuento

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LA DISCUSIÓN

 

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-         Me podes llamar como gustes; permitime unos minutos antes de seguir, te voy a contar una historia verdadera.

No soy como la mayoría, ya ves...jamás voy a olvidar mis orígenes, casi vine al mundo en un cajón de verduras y seguramente fui obra de alcohol, droga o simplemente desatino.  Como vinieron mis hermanos menores, ¿para que negarlo? Al contrario de lo que sucede en la mayoría, esto, logró hacerme más fuerte, valorar los sentimientos y dar gracias por lo que he alcanzado. Sin dejar de ser humana con el prójimo, sin que jamás oscurecieran mi alma estos recuerdos de mi niñez y juventud. Por eso vos, vos que te llevas al mundo por delante, con  traje y corbata, te merecés la historia de primera mano...

Hace 30 años, yo tenía 12, y tres hermanos más chicos, creo que ya te lo dije.  No vivíamos en una zona como esta, no, jajaja, para tu información, nuestra casa, si a eso se le podía llamar casa, como vos lo entendés, quedaba cerca del barrio Cuarenta Semanas casi sobre el arroyo Miguelete. La noche del 14 de Julio, el viento soplaba tanto que las chapas de las viviendas amenazaban con volar, casi no habíamos comido. A nuestros padres, no los conocíamos. Somos medios hermanos, sólo el más chico, sabía quien era, un par de veces había venido a visitarlo. Nuestra madre se había ido a “trabajar” dos días antes, sin aparecer para saber como estábamos, yo me tenía que hacer cargo... fijate, con 12 añitos, ahora nuestros hijos a esa edad juegan con sus pc. Mario, es el que me sigue en edad, ayudaba a enfrentar algunas situaciones. El frío nos calaba el pellejo y el hambre las tripas. Solos en esa casita, de intrusos, mitad bloques, mitad chapas.

A los dos de la mañana, sentimos las sirenas, el barullo vecinal era brutal. Los instintos se te agudizan en esas circunstancias, ¿sabés?. Sin pensarlo mucho, le ordené a Mario que saliese rápido de la casa. Como pude me arrastré desde mi jergón, por el piso de tierra, llevándome por delante la garrafa y la única mesa desvencijada. Las sucias tazas de la magra cena, cayeron. Arropé con lo que pude a los dos chicos, cargándolos en mis brazos. La calle era un infierno, la noche era gélida y hambruna, los bomberos gritaban que nos alejáramos. Mario lloraba dando vueltas sin decidirse a salir del todo, esa fue una de las pocas veces que  grité a alguno de mis hermanos, para que obedeciera de una vez.  Mis ojos, mis ojos buscaban a mi madre entre el gentío. La desolación, miedo, hambre catapultaban mis ansias de encontrarla en cualquier par de ojos con pollera. Lo poco y ruinoso que teníamos se prendía fuego...no sabíamos de la vida nada que no fuese pobreza y ensañamiento. Los vecinos tan pobres, o más que nosotros, sus casas,  perros y gatos, eran fantasmas iluminados por las lenguas de fuego. Algunos miraban, otros trataban de salvar lo poco que tenían. Pasaban a nuestro lado como si fuésemos incorpóreos, cosas y personas eran uno, desdibujados por la desgracia y la oscuridad, eran simples bultos,...  Mario se  despegó de mi lado, para correr al lado de uno de los bomberos. Aquel niño de 9 años, mal comido,  lloraba mientras le imploraba al hombre, tironeándole la manga: “Por favor, por favor, atrás, en el fondo, tenemos a una perrita con cachorros. ¡Sáquela, por favor.!”

¡Era cierto, fijáte, como éramos pocos para repartir la penuria, él había dado casa y un poco de nuestra hambre a una callejera! que parió en una caja, 8 cachorros de los más diversos colores y tamaños. El bombero, le acarició la cabeza, habló algo a sus compañeros y entró. Ya habían tomado fuego las casas linderas. Tardó unos 20 angustiosos minutos en volver. Pero trajo la perra en sus brazos. Se la entregó a Mario. Yo seguía buscando a mi madre, preguntándome que haríamos, nosotros cuatro solos. Mario se sentó en la vereda, con la vagabunda entre las piernitas. Me miró sonriente, los surcos que dejaban las lagrimas, en la mugre de su rostro... no lo voy a olvidar más, y preguntó: “¿Mamá cuando llega?

Esa fracción de segundos,  esa pregunta simple, para la cual mi corazón no tenía respuesta, fue la culpable; la entenada escapó de las piernas, y se zambulló por la puerta de nuestra casita. Ligera, ágil. Quedamos desolados, el fuego era impresionante. Era la única fuente de luz en el barrio. Alumbraba dolorosamente todo el entorno miserable. El rostro del bombero fue una respuesta terminante, al pedido aún sin formular, de mi hermano.

Pasaron las horas lentas, todo se redujo a unos pocos escombros. Los vecinos  nos habían alcanzado tazas con leche. Los bomberos preparaban sus mangueras y equipo para irse, todo había culminado para ellos. Pero para Mario no, encaminó sus pasos nuevamente al auto-bomba. El mismo hombre estaba al volante, escuchando idénticas palabras de las 3 de la madrugada: “Por favor sáquela, por favor”. Sería inútil explicarle, todo parecía ya inútil. Vaya a saber que fibras tocaba el pedido de mi hermano, que, bajándose, aquel fortachón entró nuevamente a la casa en ruinas.

Esta vez demoró un poco más, pero salió con la caja . Dentro estaban la perra, con sus cachorros prendidos de las tetas, muertos, el denso humo los había ahogado, sin remedio. ¿No se si comprendés...?  La forma de calmar los aullidos de su cría, fue darles de mamar hasta que dejaron de existir. Ella también se fué, claro.  Fué su opción de vida. Mis ojos jamás volvieron a encontrar los de mi madre, quedé toda la vida buscándola. Por eso...por eso mismo te decía :  Podés llamarme como quieras, pero entendelo, no ofendés, no lastimás. Sólo me haces digna cuando me llamás : “Perra..”

 
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11 comentarios

Carlos -

Ya habia leido esta pagina, me interesa conocer a la autora, con el perfil de la ultima foto , la que renace como el ave fenix !!!

Agustin -

lo poco que he leido me ha dejado ganas de mas.... con un poco mas de tiempo leere mas trabajos tuyos... y espero leerlos todos ya que cada uno de ellos al parecer deja un mensaje diferente....

julio -

es hermoso,conosco la zona,vivo en Parque Posadas y concozco bien los asentamientos del miguelete,felicitaciones

FRC -

Sin dudas muy real y fuerte al mismo tiempo,reafirma en muchos sentidos el alejamiento humano de el "pacto" original con la madre naturaleza; ésta nos da día a día una lección , un martillazo en el dedo para que reaccionemos, pero como dice el dicho " no hay peor sordo que el que no quiere oir". Gracias a la autora por el mensaje, aún estamos a tiempo.

Angel -

Hola Mariela: ayer y hoy tuve la suerte de poder leer algunos de tus hermosos, cuentos los cuales no solo me llegaron sino que hasta sentí que en uno de ellos mi trabajo (o algunos de sus integrantes ) se encontraban reflejados en él. Por supuesto que tanto el "318" como la "Discusión" me conmovieron, tanto así que terminé con lágrimas en los ojos, salvo con películas del cable esto no me sucedía desde hace tiempo. Debo decir con un poco de verguenza que hace ya algunos años que no compro libros y solo leo revistas relacionadas a los cursos que estoy tomando.
Te felicito sinceramente, da gusto encontrar y conocer a alguién como tú en la red, eres un placer para el alma y prometo desde ya continuar leyendo tu página, por lo menos para nutrirme de esa esencia que trasmiten cada uno de tus cuentos.
Creo sin temor a equivocarme que desde hoy tienes en mí, otro ferviente admirador.
Besos.

Obiwan -

El cuento me encantó, la verdad; ¿qué te puedo decir? se me estrujó el corazón mientras lo leía...
Te felicito; de veras.
Un besote.

Luis -

Al igual que muchos terminé lleyendo con lagrimas en los ojos, hermoso,felicitaciones!!

RUBEN -

Lo lei en lo que parecio menos de tres minutos,termine con los puños apretados y un nudo en el estomago,crei que estaba parado ahi;en el medio de la "discucion". CUANTA PASION. QUE FACIL DE LEER .FELICITACIONES!!

Mauro -

Nítido y medular.

Ricardo -

Este tipo de cuentos siempre me generaron la curiosidad de poder conocer a los protagonistas, pero luego cuando lo reflexiono, me doy cuenta que los protagonistas no importan, si importa el mensaje, aunque alguien haya inventado la historia, no es lo importante.

Cariños
Ricardo

Rafa -

Mucho mejor en tu voz... donde va a parar. Saludos.
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