Blogia

BARDA

GALA DE LOS PREMIOS "VICTORIA" RADISSON

GALA DE LOS PREMIOS "VICTORIA"  RADISSON

La noche del sábado 12 de Diciembre 2009 fuimos galardonados con el premio VICTORIA, en el ámbito de pertenecer al grupo Artes y Letras de la Costa de Oro. Fue una noche emocionante en la que se presentaros varios convocados a recibir el galardón VICTORIA de diversas áreas, reconociendo en el arte y el hacer social, se premió el talento, creatividad, dedicación, perseverancia, así como el compromiso para construir una sociedad más digna, justa y humana.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Presentación

Presentación

El jueves 29 de noviembre tuve el inmenso honor de ser invitada a presentar el nuevo libro de Rubens Hernández. El evento tuvo lugar en el Radisson Victoria Plaza de la ciudad de Montevideo.
Conocí a Rubens Hernández., en el 2005 en ESPACIO Y ARTES Y LETRAS en la costa de oro. En él encontré no sólo un colega, sino un hombre sencillo, franco y de sonrisa bondadosa.
Me siento honrada que haya depositado en mi su confianza para  presentar a su primer hijo: “SIMIENTES”.
El autor ha sido y será un padre fecundo tanto en poesía como en narrativa, a la cual lleva de la mano a ser una narrativa poética. Tanto así que esta republicación de SIMIENTES fue un hijo galardonado por la Intendencia de Lavalleja otorgándole una distinción de reconocimiento en 1993.
Pero nuestro amigo y autor ha cosechado otros logros: 1989 AEDI Mención de honor poesía “DOLOR”, 1993 AEDI lo distingue con Mención de honor en cuento “LA CARRETA”, 1994 AEDI 3er.Premio en cuento “EL REMEDIO”, 1996 LOLITA RUIBAL con Mención de honor en cuento “EL RAYO”, 1997 Circulo de Artes y Letras ANGEL FALCO con distinción a su obra y trayectoria.
Rubens Hernández también es fundador del Elenco de la Comedia Musical de Lavalleja, así como miembro activo de ARTES Y LETRAS de la Costa de Oro.

Nueva Mención de Honor

Nueva Mención de Honor

EL dia 25 de octubre tuvimos el enorme placer de asistir a un reconocimiento realizado por Cooperativa Bancaria en ocasión de festejar su 75 aniversario. Dicha Cooperativa organizo un concurso de cuentos cortos al que se presentaron mas de 700 trabajos y que fue organizado por el programa Radial "Sopa de Letras".

El primer premio corespondió al reconocidísimo escritor y miembro de la Academia Nacional de Letras José María Obaldía.

Alli fuimos premiados con una mencion de honor por el cuento "Un Segundo Más" y varios ejemplares impresos del libro hecho con los cuentos ganadores y mencionados.

En la foto estamos intercambiando opiniones con otro reconocido escritor nacional: Mario Delgado Aparaín

Cuento

Cuento

UN SEGUNDO MÁS

 

Vos y yo sabemos que no es cierto lo que dicen la mayoría de los mortales, acerca de lo que dura un segundo. Un segundo o dos pueden significar mucho o poco, pero nunca un vacío absoluto de tiempo.

Hoy estoy acá recorriendo contigo algunas fracciones de segundo, seguramente, las más reveladoras de mi vida.

Por si no lo sabes, como no aguantaba más, fui hablar con Laura, sobre vos, ella y yo.

Después de mil vueltas, sí, me decidí, aunque no se sí estás de acuerdo. Pero ante la duda y como no podía consultarte fui.

Totalmente inútil, como podrás imaginar....Laura no me quiso atender, siempre me culpó y la entiendo.

Fue un segundo, como este que va transcurriendo, sí ya se, va a terminar y con suerte tendré otro para reflexionar. Pero insisto un segundo, es un segundo, no encaja esa frase trillada como : que un segundo no es nada.

Vos y yo lo sabemos.

Te contaba de Laura, sí te contaba que creí que estos ocho años no habían pasado en vano, que todo podría ser perdonado, hablado y si querés, hasta discutido.

Pero Laurita no tiene marcha atrás, ni me atendió. Esa mujer tuya sí que siempre tuvo carácter, para serte sincero además de carácter,  buenas curvas. Pero ya está, me estoy yendo del tema y las fracciones cuentan en este trayecto. Igual vos sabes que tu mujer siempre estuvo buena, y sigue estando doy fe, hasta hace cuatro días, cuando me cerró la puerta en la cara.

¿Habrá transcurrido un segundo? Presumo que no, o por lo menos caigo en la cuenta de que esta trayectoria demora en terminar, como yo intentando darte alguna explicación.

Vos sabes que aquella tarde, antes de salir de campamento, no había bebido, ni estaba más guarango de lo habitual. Vos lo sabés, tenés la certeza absoluta que estaba haciendo lo correcto y de la forma indicada.

Lo que no te pude decir en aquel momento, es que Danilo también las había usado una semana antes. Cuando fueron de camping con Alfonso.

Sí, se perfectamente que todos sabíamos como comportarnos ¿Pero viste que las cosas más imprevistas pasan en un maldito segundo?

Ese fue más que significativo. Ese que me ha dejado mal durante ocho años y al que le encontré solución. Claro no con Laurita pero si con vos, y fundamentalmente darme paz a mi mismo.

Vos riendo, cebando mate, yo limpiando las armas. El segundo fatal, tus ojos asombrados y quietos en mi.

Un segundo similar a este, y se me escapó el disparo; ocho años después otro segundo y el replay , en fracciones más o menos me reúno contigo.

mencion de honor de 75 Aniversario Cooperativa Bancaria

Cuento: Mariela Rodriguez

Ilustración: Luis Fulco Marchisio

Tengo dentro de poco una grata , también excelente colaboración....( esperen...y no desesperen)

Tengo dentro de poco una grata , también excelente colaboración....( esperen...y no desesperen)

Nos vimos muy contentos con otro aporte del Arquiteco Luis Fulco Marchisio, un hombre que ha tenido a su cargo innumerables obras entre las cuales vamos a destacar : La Mano en nuestro Punta del Este y los juegos del Parque del Jagüel, entre otras...

Entre Todos...

Entre Todos...

Invito a aquellos/as que tengo el honor de recibir en mi blog, a que participen en este CADAVER EXQUISITO, podrán dejarlo como comentario al final y luego será añadido con el nombre o si lo prefieren en anonimato. Sólo les pido que tenga un hilo conductor con lo anterior. Luego resolveremos el título.

Un beso a todos Mariela.

SÁNDWICH

 

Había mirado el reloj al menos tres veces siempre le dolía despedirse, para su abuelo nada pasaba desapercibido aunque no dijese nada.

Tenía esa inquietud propia de aquel que sabe todo lo que le espera por hacer. Ese remordimiento de abandonar la blanca cabeza de su ser amado era torturante, lo sabía sólo si al menos pudiera dejarle su sombra por compañía.

-         Un sándwich. Susurró el viejo mientras armaba su tabaco.

-         ¿Querés un sándwich abuelo? Preguntó escapando efímeramente de sus pensamientos

-         No gracias, sólo pensaba.

-         Me tengo que ir abuelo, tengo mil cosas que terminar para la semana que viene,

-         Te acompaño hasta la puerta, dificultosamente se puso en pie, tomando su bastón y siguió susurrando: un sándwich, siempre es un sánwich...

El anciano lo vio alejarse, con las manos en los bolsillos, rumiando pensamientos y su a su sombra cansina persiguiéndolo. Su nieto estaba lejos de llegar a la sabiduría, como él lo estuvo hasta ahora. La experiencia es como el escarbadientes sólo para uso personal.

Mariela

Sonrió con el último as de luz de la tarde en su rostro, tal vez se vio en un viejo oasis manso que nutrió sus recuerdos, fue cuando comprendió que existiría más lejos de su propia sombra, a través de aquel muchacho, algún rasgo, algún gusto, cierta inquietud…, la obra estaba sin terminar, pero ya era hora. Algo de aquel escarbadientes había sido trasmitido, sin duda, y aquel muchacho que ya daba vuelta la esquina, rumbo a su vida, era la esperanza que la sonrisa de ese viejo loco, conociera de alguna manera, el final de otro viaje.

Cansado dio vuelta, no sin antes repetir el pesado ritual de cerrar bien la puerta, pensó en algo que comer, aunque no fuera algún sánwich

            - El bondis no viene más, la próxima le doy más bola al abuelo, no llego tan tarde a la reunión, después de todo, tal vez la próxima me atreva a llevarle mis últimos cuentos al viejo, si, ¡Ahí viene el bondis,¡ que frío carajo !!!

Gillermo

Obviamente esa hora, es una de las tantas dónde los omnibús se transforman en camiones de ganado, suplantado ahora por humanos anónimos con un destino ya sabido y deseado.

Y el muchacho maldijo casi en voz alta...

- Que lo parió esto cada vez está peor!! odio viajar de esta manera.-

Pero no importaba; a esa hora todas las cabezas están en otro lugar, todas las miradas son sólo miradas vacías, los oídos sólo abiertos al interior escuchando y escuchándose las frases más significantes del día.

Como pudo se adentró a la masa de carne humana, sentado y frente a él, un anciano con tantos años como su abuelo balbuceaba casi como un autómata -“No puede ser, no puede ser, no puede ser...”- En un principio no le llamó la atención, su mente sólo estaba en aquella reunión tan deseada y próxima a cumplirse. A no ser... a no ser cuando en un momento, sus ojos se cruzaron por un instante con los del anciano.  

Zorro

El abuelo volvió a la cocina de su casa, abrió la heladera, la vio casi vacía y en ese momento olvidó por completo la idea de comer algo, nada tenía que ver con la palabra sándwich de la conversación con su nieto. Aquel sándwich no era una comida, era una comparación dicha en voz alta, entre su vida y el alimento, en su vida ya había pasado lo del medio y estaba según él a punto de terminar el pan.

¿Cuántas veces se vio reflejado en su nieto? Tantas veces meditó acerca de las similitudes entre su propia juventud y la del nieto! Eran meras coincidencias, ¿o acaso una señal en la continuidad relativa de la historia? Ciclos…, quizás.

Sin tener muy claro como, había llegado a su dormitorio, se sentó en la cama, quitóse las viejas chinelas a cuadritos y se metió en la cama, había sido suficiente por ese día.

En la radio se escuchaba presentar el siguiente tango de Gardel, tuvo apenas idea del disfrute, mientras se quedaba dormido, sus sueños sin duda le hablarían al oído.

Federico

No podía dar crédito a la funesta noticia de boca del viejo, el abuelo había muerto esa misma noche. Lo había dejado aquella tarde, prematuramente por una maldita reunión.

Una reunión que sólo aportó debates y futuras reuniones sin resolver nada.

Reparó en su padre, dónde las canas ganaban la partida a pasos agigantados, su voz aunque quebrada por el dolor, era calma.

Lo contuvo entre sus brazos como nunca, apretado y acariciándole la cabeza sin apuros, dejándolo llorar hasta el cansancio.

Ahora sentado al lado del cajón dónde su abuelo descansaba con una sonrisa apenas perceptible; se retrotrajo a su niñez. Cuando su padre no tenía ni una hebra blanca coronando su cabeza y siempre estaba la empresa antes que él. Cuando quedaba viendo alejarse a su presurosa sombra, con el maletín y las promesas del “cuando vuelva, jugamos” Ahora disfrutaba su reciente jubilación, y lo buscaba para charlar en los momentos menos oportunos. Justo cuando el se había metido de lleno en los conflictos sindicales, justo cuando su novia quedó embarazada y se enfrentaban a la disyuntiva.

Mariela

En qué momento perdió el sentido de las cosas nunca lo supo, pero sí se dio cuenta , quizás un poco tarde que el arte de vivir, implica el delicado manejo de los equilibrios, ahora reaccionaba ante el cadáver de su abuelo, y valoraba los pocos , siempre insuficientes ratos que últimamente había pasado en su compañía. Se detuvo un minuto

a meditar acerca de sustanciales temas de vida, mientras sus manos descansaban en el borde del ataúd; su mirada se perdió en un punto inexistente del espacio-tiempo; mil cosas pasaban por su mente en un torbellino interminable, sentía profundamente el dolor de la pérdida, pero al mismo tiempo sabía que su vida continuaba.

El abrazo de su padre, que acompañaba a su novia embarazada, llegó en el momento justo para sacarlo de su abstracción; y sin querer había tomado una decisión instintiva, miró a los ojos a aquella mujer y le transmitió sin hablar la opción elegida, la vida debía continuar, y la lección había que aprenderla, era necesario. Su hijo se llamaría como su abuelo.

                                                                                                                                                                                                             Federico

Intentaría no ser un maldito y atrapado sándwich- pensó abrazando a su padre, girándose sin advertir la nueva sonrisa de su viejo abuelo

                                                                         

 Agradecemos al Arquiteco Alvaro Leira por su colaboración con la ilustración

Montevideo-Uruguay

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                   

Cuento

Cuento

DE CUAJO  

Nunca pensé que iba a ser fácil. Tengo que ser sincero.

Desde aquel día, en el cual les di cierta autonomía, los dos, aparentemente iguales, eran tan eficientes como dispares. Siempre pasa; en cuanto delegamos, surgen los problemas. Fui el culpable y me atengo a las consecuencias.

Aquellos dos eficaces colaboradores, jamás se ponían de acuerdo. No me hacía a la idea de poder desempeñarme sin ellos. Inútilmente intentaba poner orden en el caos de sus versiones disímiles, para llegar a un acuerdo. Menos mal que sólo eran dos a mi cargo.

Uno era el que siempre veía el lado positivo de los temas, problemas, negocios. No negaré que su optimismo contagiaba. Todas las mujeres le parecían buenas, o estaban buenas. Si por alguna razón alguna de ellas me visitaba, me hacía una señal de aprobación para que ya pusiera en marcha la propuesta de matrimonio. En cuanto veía los folletos de viajes, se deslumbraba intentando convencerme con islas caribeñas, sol y mucha, mucha paz. Siempre contento, atento, hasta durante las primeras horas de la mañana.

En cambio el otro....ahh el otro ya se levantaba lagañoso y arisco. Era difícil de convencer hasta del más mínimo detalle de cambio.

Siempre huraño, mirando con desconfianza cualquier proyecto, dama, o la simple compra de una cafetera. Examinando los potenciales problemas, olfateando lo negativo. Si por casualidad nada encontraba para contrariar, lejos estaba de alegrarse. Ahí se quedaba, “mutis”. Era como presentir una nube negra que nosotros dos no podíamos divisar y en el momento menos esperado, se rasgaría de par en par, dejándonos empapados en pleno picnic.

Años de lucha con ambos me han tenido tembleque, tratando de ver como ajustar los dos lados opuestos que se me exponían. Me han ayudado, no puedo negarlo, pero ha sido atormentador. Las reconciliaciones entre ellos son inadmisibles y jamás adoptarían un punto intermedio. Por último, como corresponde, yo decido qué hacer frente a cada caso.

Con los años, no sólo yo he envejecido, ellos también. Se han puesto más extremistas. 

Me han aguijoneado todo este tiempo y me harté. La situación se tornó insostenible.

No fue fácil. Nadie lo haría por mi. Esta decisión de prescindir de ellos la tenía que tomar por mis propias manos.

No merecían una lapicera elegida al azar, ni ver venir la noticia de otra mano que no fuese la mía.

Así que empuñé la lapicera, aquella importada y bañada en oro, como si fuese bisturí. No puedo describir lo que fue ese día, porque las palabras no alcanzarían. Después de treinta años a mi servicio, me deshice de ellos. De dos plumazos limpios. Digamos, de cuajo...

Hoy, a dos años de esta medida estoy en paz. Para suplirlos contraté dos eficientes secretarias. Sé que me creen loco, porque les guardo cariño; sobre todo Verónica, la señora que viene a limpiar martes y jueves. Cuando pasa el plumero por la biblioteca, la oigo sollozar, y al percibir que se aleja de mi silla paso la mano por la estantería hasta dar de memoria con el envase. Acaricio el frasco con formol, sabiéndolos dentro.

Ciego pero tranquilo.

 

Autor: Mariela Rodríguez

Ilustración: Juan Sosa Di Cono

Brindis

Brindis

EN la foto la señora María Inés Obaldía, uno de los jurados del concurso en ocasión de la entrega de los premios.

Mención de Honor

Mención de Honor

El dia 26 de junio de 2007 fue la entrega de los premios del concurso de cuentos cortos "Paco Espínola" en el teatro Macció de la ciudad de San José.
Dicho concurso auspiciado por la Biblioteca Nacional y el programa Sopa de Letras, recibió un total de 1604 obras entre la cuales nuestro cuento "De Cuajo" tuvo el honor de ser mencionado y publicado en un libro colectivo junto a todas la demás obras premiadas.
En la foto el Director de la Biblioteca Nacional Dr. Tomás de Mattos en el brindis luego de la entrega de Premios

Sopa de Letras

Sopa de Letras

El lunes 25 de junio tuvimos el placer de ser invitados al programa Sopa de Letras que se emite en AM 1050, Radio Uruguay-SODRE con los conductores Pablo Silva y Alfredo Fonticcelli. La ocasión fue comentar acerca del reciente premio que recibimos en el concurso de cuentos breves "Paco Espínola" auspiciado por ese programa en conjunto con la Biblioteca Nacional y el Ministerio de Educación y Cultura.

Mistura

Mistura

El Grupo Mistura nos honró invitándonos a la lectura del cuento Mencionado en el concurso Paco Espínola.

Dicha reunión fue en el restorán El Sol de la ciudad vieja, y además de rondas literarias pudimos disfrutar de la música de un excelente bandoneonista y una opulenta cena.

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Recital

Recital

El día Martes 24 de abril tuvimos el placer de recitar en el Ateneo de Montevideo, un texto en honor a la gran poetisa uruguaya Gloria Vega fallecida hace ya 8 años.

Escrito por el poeta y tallerista Pedro Recciutti el texto recitado a dueto y titulado "El Ultimo Escalón", es un  extracto de un libro póstumo que trata el tema de los últimos dias de una vida y sus soledades.

Premio

Premio

El dia 15 de marzo tuvimos el honor de ser premiados con Mención de Honor en el 29no. concurso "Dr. Alberto Manini Rios" organizado por A.E.D.I. - URUGUAY.

El cuento premiado en esta ocasión fué "Tablero de Cristal" que expone los peligros a los que está expuesta la gente demasiado "estructurada".

TABLERO DE CRISTAL

Tenía dos días para comprar el regalo a Victorio. Cansada ya, de comprar camisas blancas y pantalones grises; me exprimí el cerebro pensando en algo especial, que no sólo lo sorprendiera sino que lograra sacarlo de su estructurada vida.

Mi marido, que jamás ríe, sólo se permite dibujar tímidamente una sonrisa. El único entretenimiento que disfruta es jugar ajedrez. Para no tener que socializar, rinde culto a la inteligencia, jugando contra sí mismo. He llegado a pensar si en la Facultad de Ingeniería, existe una materia oculta, que se titule: “Cómo vivir en sociedad, estructuradamente, pasando inadvertido”. Después de varios llamados, ubiqué un artesano en cuestiones de tableros y piezas. Tenía su negocio en una ciudad no muy cercana. Por lo que decían, era “todo un artista“.

Y acá estaba yo, con el papelito en la mano intentando dar con la dirección. El auto lo estacioné casualmente frente a la Facultad de Ingeniería. La observé pensando: “lo mío es un estigma”. La ciudad era reconocida por lograr brillantes y pulidos egresados.

Caminaba, observando la numeración, cuando de unas persianas me chistaron:

-         Pssh pssh

En sentido contrario, venía bamboleando sus grasas una mujer mayor. Su cara estaba lustrosa por la transpiración, al tiempo que emitía roncos gruñidos. Cargaba debajo de sus regordetes brazos, lo que parecían ser cuadernos, todos iguales, con tapas grises.

Cuatro pasos más, una nueva persiana, e idéntico chistido:

-         Pshh pshh señora

Ahí mismo, la gorda y yo nos chocamos. Los cuadernos se desparramaron y al agacharnos a recogerlos, noté que estaban totalmente en blanco, ni renglones tenían. Y otra vez el chistido. Habíamos juntado los cuadernos y la gorda los cargaba nuevamente, cuando aproveché para preguntarle por el famoso artesano.

Poniendo los ojos en blanco, bufando y con cierto dejo de fastidio contestó:

-         Es en la otra cuadra.

-         Gracias. Una pregunta más ¿por qué me chistan de las persianas?

-         ¡Ah por favor, no haga caso, siga su camino! Y levantando el tono de maestra enojada agregó:

-         ¡Ya no doy abasto, ya no doy abasto!. Alejándose apurada como la había visto llegar.

-         Pshhh señora. Éntre que le explico, balbuceó una voz casi inaudible. Alguien tras las persiana abrió a penas la puerta y entré, olvidándome de los consejos de la gorda.

Un hombre joven, me conducía tímidamente hasta la ventana.

Desde allí se podía divisar la vereda. Todo parecía normal a no ser por el hecho de observar el exterior entre tablita y tablita. Era como ver el mundo en uniformes líneas horizontales.

-         Soy ingeniero. Me recibí hace tres meses. Desde que me gradué no puedo apartarme de las persianas. Todos los egresados tenemos el mismo padecimiento. Algunos ya han recurrido a la vieja y gorda maestra con la que usted se topó. Ella dispone de la única cura de desestructuración conocida hasta el momento. Sólo un veterano egresado ha diseñado su propio método.

-         Tengo que dejarlo. Busco a un artesano en tableros de ajedrez. Se me hace tarde, respondí perturbada. Ya tenía suficiente con el que me había casado, como para escuchar historias de locos.

-         ¡Ahh Guillén. Justo es la persona a quien hacía referencia...!

Nuevamente en la vereda, apuré mis pasos, no tanto por prisa sino por incomodidad.

Llegué a la numeración indicada y ¡oh !como revelación divina, al costado derecho de la puerta colgaba un cartel en letras brillantes que anunciaba: ”TABLEROS ARTESANALES, PIEZAS ÚNICAS”. Era lo que Victorio merecía, algo único y hermoso. Al bajar veinte centímetros mi vista , una placa en bronce pulido hasta lograr deslumbrar los ojos rezaba: “Ingeniero Alcides Guillén Fleitas”. Toqué el timbre con disimulado nerviosismo mirando las ventanas carentes de persianas, para darme tranquilidad. Un hombre sexagenario me abrió la puerta con una sonrisa.

-         Buenas tardes. Vengo buscando un tablero de ajedrez especial, para mi aniversario de casados. Me dieron su dirección y aquí estoy.

-         Está en el lugar indicado, sígame. Todas mis piezas son únicas y fascinantes, aunque esta mal que yo lo diga. Soy un perfeccionista nato.

No hacía falta que lo aclarara. Sabía bien, como eran los ingenieros. Después de ver unos quince, llegué a una decisión. Me quedaría con uno de cristal. Las piezas, que debieran ser blancas y negras, eran de cristal de Murano verde y morado. El tablero se dividía en casillas transparentemente puras y las otras débilmente esmeriladas. Pagué contenta la fabulosa cifra que se me pidió. Al despedirse me vi sorprendida por la pregunta:

-         ¿A qué se dedica su esposo?

-         Es ingeniero en sistemas.

-         Ahhh - dijo con un dejo de desencanto, y cerró la puerta bruscamente.

Ese “Ahhh” me dejó inquieta. Subí al auto. Había recorrido dos cuadras, cuando vi entrar a un edificio a la maestra gorda nuevamente cargando aquellos cuadernos enigmáticos. Paré decidida a entrar y salir de dudas.

-         Buenas tardes señora...-         ¿Otra vez usted? ¿En qué la puedo ayudar?

No respondí inmediatamente. Mi atención la captaron los alumnos. Todos jóvenes de unos treinta años aproximadamente, sobre los cuadernos, sin levantar la vista a pesar de mi interrupción; pasaban rayas a las hojas en blanco. Contaban con una regla, un lápiz y goma.

-         Perdone, pero quería saber si realmente su método funciona.

-         Entonces no me hizo caso y alguno le comentó. Seguramente uno que aún no entró en el proceso. En fin... funciona sí. Por lo menos éstos reconocen su mal y trabajan para mejorar.

-         ¿En qué consiste el tratamiento?

-         Estos hombres y mujeres se han visto afectados por su carrera. Ven la vida de manera lineal, siempre siguiendo protocolos y procedimientos. Y no estaría mal si lo aplicaran sólo a su profesión. Pero se les ha metido tan adentro, como si fuese un virus, que  viven su vida personal de la misma forma. Realmente enfermante. Les hago hacer rayas horizontales a modo de renglón, tal y como ellos se conducen. Hasta que se hartan.

Aunque cansada, preparé la mesa con velas para el aniversario. Toda mi atención y trabajo fue recompensado al ver la cara de Victorio, cuando sorprendido vió el regalo.

-         ¡Qué fantástico juego de Ajedrez! Aquellas palabras de la boca de mi marido eran lo máximo como premio a mi peripecia y lo valoraba.

Como recompensa a mi búsqueda de ribetes casi místicos, recibí a cambio el acostumbrado perfume francés. Coleccionaba tantas versiones como años de matrimonio.

Esa semana pasó frente al tablero y piezas todo su tiempo libre. Jugando como solía, contra sí mismo. Pero... el hecho del lunes a la mañana, me tomó totalmente desprevenida.

-         ¿Sabes donde está la camisa a cuadritos, que me regaló Andrés, cuado volvió de México?. La voy a usar para ir a trabajar.

Le indiqué el lugar donde encontrarla y una sonrisa triunfal me acompañó el resto del día. Dos días después, al llegar a casa, lo encontré con albañiles. Terminaban de cambiar nuestro piso del patio de cerámicas españolas, por baldosas marrones y amarillas. El tercer cambio consistió en reemplazar la mantelería de finos bordados, por burdos manteles a cuadros blancos y celestes.

No hacía ni tres meses había comprado fundas nuevas para recubrir los asientos del auto, cuando asombrada vi el nuevo tapizado. Blanco y negro, como bandera de llegada de fórmula uno. El asunto se tornaba perturbante...Mi paciencia se vio colmada cuando una mañana, al levantarme a preparar el desayuno, lo encontré cuadriculando los vidrios de la cocina, esmerilando con un fino instrumento uno, y dejando el otro transparente. Histérica, lo convencí de lo disparatado de la situación y juntos fuimos a consultar a la gorda maestra.

Terminé visitándole día por medio, en su clase, donde llenaba cuadrículas sobre hojas blancas. Me he sentido tentada de llevarle un compás o semicírculo de regalo, pero Clara (así se llama la gorda), ha dicho que aún no está listo para el cambio. Auguró que pronto pasaría al grado de las líneas. Realmente me siento mal, porque de alguna manera fui culpable, al regalarle el tablero de cristal.

Moviendo algunas influencias que Victorio tiene en el gobierno y por ser él tan eficiente, le encontré una actividad. Le obtuve una labor comunitaria, algo que lo haría sentirse útil. Hablé con Clara y estuvo de acuerdo. Cuatro horas a la semana trabajaría para la comuna, cambiando todas las baldosas rotas; seguíamos en lo mismo, pero con un fin altruista. Tanto éxito obtuvo con las veredas y tanta mejora personal, que dos arquitectos dedicados a la restauración de barrios antiguos, le solicitaron emparejar los adoquines hundidos por el paso de autos y camiones.

Marchaba viento en popa y las calles quedaron perfectamente cuadriculadas; cuando la gorda Clara me avisó, que Victorio estaba pronto para pasar a la siguiente etapa. Comenzaba la fase de las líneas.

De nuevo, en aquel salón, haciendo raya tras raya, me rompió el corazón. Después de dos meses, recurrí a sus antiguos contactos. Esta vez encontraron una nueva faena, repintando los pasos peatonales de todo el país. Fue tal su ahínco y dedicación que en menos de un mes, los terminó. Nos vimos obligados a buscar una nueva tarea. Esta vez sería de más largo aliento. Debía delinear las carreteras en su punto medio y luego señalizar las banquinas. El país quedó pequeño para su arraigada manía. Impulsada por amor, me presenté frente a distintas sedes diplomáticas. Logrando que le dieran idéntica tarea fuera del territorio.

Lo último que sé de Victorio es que está señalizando las carreteras en Brasil. Mantenemos contacto frecuente. Algunas fotos me hace llegar. Tengo una, por demás conmovedora, a la que le guardo especial afecto. Esa imagen, me ha hecho reflexionar sobre la fragilidad, casi de cristal, de la psiquis humana.

Allí aparece Victorio, sus ojos miopes detrás de gruesos cristales, sonriendo, con un sombrero deshilachado, unos jeans cortados y zapatillas, saludándome con su mano, en la otra una brocha, a sus pies un tarro de pintura, en medio de una carretera desolada del Matto Grosso.

Autor: Mariela Rodríguez

Ilustración: Juan Sosa Di Cono. Dolores Depto de Soriano. Diplomado en : Academias Modern School, cursos  en el exterior ( Venezuela)

 

Edición Agotada.

Edición Agotada.

Hoy tenemos el enorme placer de anunciar que la primer edición de "Más Allá de los Ojos" se agotó. Los últimos 40 ejemplares viajaron a Madrid. El señor Enrique Armisén, director de la empresa Dimagen SL obsequiará a sus clientes dichos ejemplares. Agradecemos la apuesta de Enrique en favor de la cultura y esperamos que sus clientes disfruten el obsequio.

Aprovechamos la ocasión para anunciar que nos encontramos trabajando en el siguiente proyecto editorial. La temática y su fecha de lanzamiento por ahora son un pequeño secreto, pero estén atentos que se van a sorprender.

Domingo Radial

Domingo Radial

El pasado domingo 14 de enero tuvimos el placer de concurrir al programa radial "El Silencio de los Inocentes" tranmitido por CX50 Radio Independencia. El mismo es conducido por Andrea Silva de la organización protectora de animales "EQUS" que recientemente nos premió.

Horrorizados asistimos  a las denuncias de maltrato animal que se reciben desde todo montevideo y comprobamos el total desinterés de las autoridades nacionales y municipales hacia el tema.

A pesar de eso compartimos un rato agradable con la audiencia y dimos lectura en vivo al cuento ganador del concurso recientemente organizado por EQUS: "La Discusión".

 

Cuento

Cuento

LA DISCUSIÓN

 

-         ....

-         Me podes llamar como gustes; permitime unos minutos antes de seguir, te voy a contar una historia verdadera.

No soy como la mayoría, ya ves...jamás voy a olvidar mis orígenes, casi vine al mundo en un cajón de verduras y seguramente fui obra de alcohol, droga o simplemente desatino.  Como vinieron mis hermanos menores, ¿para que negarlo? Al contrario de lo que sucede en la mayoría, esto, logró hacerme más fuerte, valorar los sentimientos y dar gracias por lo que he alcanzado. Sin dejar de ser humana con el prójimo, sin que jamás oscurecieran mi alma estos recuerdos de mi niñez y juventud. Por eso vos, vos que te llevas al mundo por delante, con  traje y corbata, te merecés la historia de primera mano...

Hace 30 años, yo tenía 12, y tres hermanos más chicos, creo que ya te lo dije.  No vivíamos en una zona como esta, no, jajaja, para tu información, nuestra casa, si a eso se le podía llamar casa, como vos lo entendés, quedaba cerca del barrio Cuarenta Semanas casi sobre el arroyo Miguelete. La noche del 14 de Julio, el viento soplaba tanto que las chapas de las viviendas amenazaban con volar, casi no habíamos comido. A nuestros padres, no los conocíamos. Somos medios hermanos, sólo el más chico, sabía quien era, un par de veces había venido a visitarlo. Nuestra madre se había ido a “trabajar” dos días antes, sin aparecer para saber como estábamos, yo me tenía que hacer cargo... fijate, con 12 añitos, ahora nuestros hijos a esa edad juegan con sus pc. Mario, es el que me sigue en edad, ayudaba a enfrentar algunas situaciones. El frío nos calaba el pellejo y el hambre las tripas. Solos en esa casita, de intrusos, mitad bloques, mitad chapas.

A los dos de la mañana, sentimos las sirenas, el barullo vecinal era brutal. Los instintos se te agudizan en esas circunstancias, ¿sabés?. Sin pensarlo mucho, le ordené a Mario que saliese rápido de la casa. Como pude me arrastré desde mi jergón, por el piso de tierra, llevándome por delante la garrafa y la única mesa desvencijada. Las sucias tazas de la magra cena, cayeron. Arropé con lo que pude a los dos chicos, cargándolos en mis brazos. La calle era un infierno, la noche era gélida y hambruna, los bomberos gritaban que nos alejáramos. Mario lloraba dando vueltas sin decidirse a salir del todo, esa fue una de las pocas veces que  grité a alguno de mis hermanos, para que obedeciera de una vez.  Mis ojos, mis ojos buscaban a mi madre entre el gentío. La desolación, miedo, hambre catapultaban mis ansias de encontrarla en cualquier par de ojos con pollera. Lo poco y ruinoso que teníamos se prendía fuego...no sabíamos de la vida nada que no fuese pobreza y ensañamiento. Los vecinos tan pobres, o más que nosotros, sus casas,  perros y gatos, eran fantasmas iluminados por las lenguas de fuego. Algunos miraban, otros trataban de salvar lo poco que tenían. Pasaban a nuestro lado como si fuésemos incorpóreos, cosas y personas eran uno, desdibujados por la desgracia y la oscuridad, eran simples bultos,...  Mario se  despegó de mi lado, para correr al lado de uno de los bomberos. Aquel niño de 9 años, mal comido,  lloraba mientras le imploraba al hombre, tironeándole la manga: “Por favor, por favor, atrás, en el fondo, tenemos a una perrita con cachorros. ¡Sáquela, por favor.!”

¡Era cierto, fijáte, como éramos pocos para repartir la penuria, él había dado casa y un poco de nuestra hambre a una callejera! que parió en una caja, 8 cachorros de los más diversos colores y tamaños. El bombero, le acarició la cabeza, habló algo a sus compañeros y entró. Ya habían tomado fuego las casas linderas. Tardó unos 20 angustiosos minutos en volver. Pero trajo la perra en sus brazos. Se la entregó a Mario. Yo seguía buscando a mi madre, preguntándome que haríamos, nosotros cuatro solos. Mario se sentó en la vereda, con la vagabunda entre las piernitas. Me miró sonriente, los surcos que dejaban las lagrimas, en la mugre de su rostro... no lo voy a olvidar más, y preguntó: “¿Mamá cuando llega?

Esa fracción de segundos,  esa pregunta simple, para la cual mi corazón no tenía respuesta, fue la culpable; la entenada escapó de las piernas, y se zambulló por la puerta de nuestra casita. Ligera, ágil. Quedamos desolados, el fuego era impresionante. Era la única fuente de luz en el barrio. Alumbraba dolorosamente todo el entorno miserable. El rostro del bombero fue una respuesta terminante, al pedido aún sin formular, de mi hermano.

Pasaron las horas lentas, todo se redujo a unos pocos escombros. Los vecinos  nos habían alcanzado tazas con leche. Los bomberos preparaban sus mangueras y equipo para irse, todo había culminado para ellos. Pero para Mario no, encaminó sus pasos nuevamente al auto-bomba. El mismo hombre estaba al volante, escuchando idénticas palabras de las 3 de la madrugada: “Por favor sáquela, por favor”. Sería inútil explicarle, todo parecía ya inútil. Vaya a saber que fibras tocaba el pedido de mi hermano, que, bajándose, aquel fortachón entró nuevamente a la casa en ruinas.

Esta vez demoró un poco más, pero salió con la caja . Dentro estaban la perra, con sus cachorros prendidos de las tetas, muertos, el denso humo los había ahogado, sin remedio. ¿No se si comprendés...?  La forma de calmar los aullidos de su cría, fue darles de mamar hasta que dejaron de existir. Ella también se fué, claro.  Fué su opción de vida. Mis ojos jamás volvieron a encontrar los de mi madre, quedé toda la vida buscándola. Por eso...por eso mismo te decía :  Podés llamarme como quieras, pero entendelo, no ofendés, no lastimás. Sólo me haces digna cuando me llamás : “Perra..”

 

Premio

Premio

El dia 15 de diciembre tuvimos el honor de recibir Primer Premio en el "2do. Concurso de Anécdotas: UN ANIMAL EN MI VIDA" organizada por la O.N.G. EQUS en el Ateneo de Montevideo. Dicha mención de honor correspondió al cuento "La Discusión".

La ONG Equs es el primer sistema de emergencia y asistencia solidaria de 24 horas para animales del Uruguay.

Cuento

Cuento

318 

 

La tarde caía, con sendos nubarrones pronosticando tormenta, el aire se respiraba pesado. Me cebé un mate detrás del mostrador, abrí un cajón; ahí estaba: dentro de una vieja carpeta, mi baja del ejército, mi salvoconducto, mi pasaporte a mi vida tal como la había soñado. Estudiar Veterinaria fue algo vocacional, recibirme una alegría y poner mis sentimientos al servicio de los animales una prueba, infelizmente no aprobada, hasta cuatro años después de recibido.

A los veintiocho años era veterinario de una Unidad de Caballería del Ejército. Pasé a tener la tarea de controlador en los Raid de Guerra. Fue cuando comenzó mi lucha interna. Dos años debatiéndome.

Ser controlador no me era grato, las ansias de ganar de los humanos a costa del animal me producían repulsión. Al humano no le importaba el costo, quería sobresalir, llegar, ganar. Poco afectaba llevar el caballo al límite.

Tener el poder de “liquidarlo”, si ya no respondía, fue una potestad que odié.

Por el mes de Noviembre, el día 15 exactamente, se llevaría a cabo un Raid de quinientos kilómetros; nuevamente tendría que ver un espectáculo desagradable por el cual pagaban.

La mente indicaba un camino, el corazón otro.

Más de uno de los animales comenzó a tener problemas a los doscientos y algo de kilómetros; mi atención se centró en uno especialmente fatigado.

El 318 se desplomó a tierra a los trescientos. Le diagnostiqué junto al enfermero, neumonía.

-         Habrá que matarlo, doctor

El 318, era lo más parecido a un pequeño gorrión tirado del nido, ante la mirada felina del enfermero, yo me resistía...Sus ojos ... sus ojos blandos....

-         No, lo voy a trasladar a la unidad.

-         Pero...Doctor, ¿para qué? No tiene solución

Aquel caballo fue un desafío personal y solitario, simplemente a mí me importó salvarlo. Al tener neumonía no debía estar acostado mucho tiempo sobre un lado, había que obligarlo a rotar, pararse, para que no colapsaran sus débiles pulmones. Fue una semana de trabajo y esfuerzo con éxito. Aquel trato continuo con el animal creó lazos afectivos ineludibles, incondicionales. Al entrar a la caballeriza, sentirme a su lado, relinchaba rascando sus patas en señal de reconocimiento.  

Personalmente me importaba muy poco las miradas suspicaces de los enfermeros y caballerizos cuando nos veían en pleno romance de cuidados y reconocimiento. Hacía días me sentía mal físicamente, me estaban tratando por una gripe, andaba decaído, febril.

El 2 de Diciembre, no soporté más; desde la ventana apenas pasado el mediodía (mi físico estaba extenuado) dejé vagar la mirada entre los eucaliptos sacudidos por viento que amenazaba con tormenta. Comenzó a llover, suave, pronosticando un vendaval.

Habían 16 caballos atados a una maroma armada de herraduras viejas, entre los árboles, uno de ellos era mi querido 318.

Levanté el tubo del teléfono para avisar: me marchaba a la sociedad médica. El médico de la unidad no lo tomaría a bien, pero no podía más conmigo mismo. Sería saludable hacer otra consulta.

Llegué a la sociedad médica, entre truenos, relámpagos, y una lluvia torrencial. Análisis primarios ya arrojaron resultados: Hepatitis.

Tres meses en cama, adelgacé bastante, los merengues me dejaron harto. Llegó el día de mi vuelta al trabajo, a la unidad del ejercito.

Después de una montonera de papeles aguardándome en el escritorio, decidido fui a ver al médico de la unidad.

-         Así que resultó una hepatitis...

-         Menos mal que la diagnosticaron. ¿No?

-         Sí, era lo próximo que haría. Le mandaría análisis...

-         Menos mal. Dije con aire irónico.

Dándole la espalda lo dejé con la palabra en la boca.

Lo segundo y de relevancia era ir a las caballerizas. Mi paso era apurado, pero más apremiante era del enfermero tratando de darme alcance.

-         ¡Doctor Andrés...!¡Doctor!

Jadeante llegó a mi lado, cuando comencé a observar los animales, habían nuevos caballos. Pero faltaban otros. Entre los faltantes estaba el 318.

-         ¿Que pasó acá?

-         Le voy a explicar...

-         Que sea rápido, por favor.

-         El día que usted, se retiró hubo tormenta, ¿se acuerda?. El hombre balbuceaba.

-         Perfectamente.

-         Bueno los 16 caballos quedaron expuestos a la tormenta, atados a la maroma debajo de los eucaliptos, hubo tormenta eléctrica....

Mi cara se transformaba, pasaba de la ira , al rencor, a la lástima por los caballos, los recordaba perfectamente, atados, bajo los eucaliptos.

-         Cayeron varios rayos, uno de ellos dio en la maroma. Los mató.

-         Me está diciendo, que murieron electrocutados,¿ porqué nadie de todo el batallón pudo sacarlos a tiempo?

-         Bueno, como llovía que se las pelaba, nadie quería salir. Pero yo sé Doctor como siente usted a los animales, por eso le guardé de recuerdo una herradura de su 318.

Me acompañó en silencio, me dio una especial.

Pedí la baja ese mismo día.

Mi superior me esperaba en el escritorio, me había mandado llamar.

-         Así que se va, pero Doctor..¡ por un caballo!

-         No, no es por el caballo, es por la indiferencia al dolor, que además sufrí en carne propia.

-         No es para tanto, tampoco.

-         Claro ni es su salud, ni su vocación la que está en juego.

Los ojos del hombre me incineraron, con frío del alma, de un alma vacía

-         Bueno, inútil seguir hablando, tomé acá tiene lo suyo.

Mis manos temblaron de alegría cuando tomé el papel, ese certificado que significaba la Libertad.

Autor: Mariela Rodríguez

Ilustrador: José A. Lardone (mendoza-argentina)

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Medalla

Medalla

El dia 15 de diciembre tuvimos el honor de recibir medalla de honor en el "2do. Concurso de Anécdotas: UN ANIMAL EN MI VIDA" organizada por la O.N.G. EQUS en el Ateneo de Montevideo. Dicha mención de honor correspondió al cuento "318".

La ONG Equs es el primer sistema de emergencia y asistencia solidaria de 24 horas para animales del Uruguay.

Cuento

Cuento

DOS TIAS

Eran las diez de la mañana, aún estaba fresco, deseaba que llegara la primavera. El calor de la estufa hacía que los vidrios de la ventana se empañaran. Mientras esperaba que el sol del mediodía calentara el fondo; tomaba el café a sorbitos pequeños, como era su costumbre. Hoy la consulta empezaba tarde, dos pacientes cancelaron las citas. Podría estar mas rato al sol en compañía de sus tías....

Ellas habían quedado solteronas, como única sobrina quedó con ellas a su cargo y prometió no dejarlas solas. Su esposo nunca estuvo de acuerdo con traerlas, tuvo que ir sola por ellas, pero su palabra era su palabra.

Renzzo siempre le dijo que era una “rara” .

Por el fondo se paseaba Bartolomeo, su querido pato blanco ya viejo.

Fue regalo de Renzzo para un cumpleaños, después de pedírselo mucho.¡ Era tan lindo! Nunca quiso perro o gato como todo el mundo. Ella quería un pato.  Le mando hacer un anillo.¿ Porque no podía tener anillo como las palomas mensajeras? Esa si!!! que fue una discusión.

¡Y si que lo tuvo!. Un hermoso anillo labrado en plata, costo varias peleas por la inutilidad que representó para su marido la compra. No entendió que su pato mereciera un trato especial, menos que precisara un anillo de paloma mensajera. La verdad es que Renzzon no entendía mucho de su interior y sentimientos.  Mirenchu ganaba casi siempre aquellos pleitos caseros con dulzura.

El sol comenzaba a calentar, y ella se sentía viva, ansiosa por sacar a las tías a tomar sol. Calzó sus zapatillas, el césped podía tener aún algo de humedad. Le dio comida Bartolomeo y metió el pie derecho en unos de los huecos que preparo el año pasado para el curso de comida aborigen australiana.

Aparto las piedras que se usaba para cocinar en la tierra con el calor del sol. Fue un curso de tres años bastante batallados con Renzzo. Durante meses discutieron por la inutilidad del curso,  dejaba el fondo con piedras que terminaban rompiendo las maquinas de cortar césped del jardinero. Secretamente le dio la razón en algo, nunca logró cocinar nada,  la temperatura nunca se acercaba ni en verano, a las altas que se dan en el desierto australiano. Gracias a dios su sangre vasca se interpuso ante las dificultades y las peroratas de su esposo, y termino el curso.

El fondo había quedado como campo minado, intentó tapar los huecos pero alguno se había escapado, lo taparía, al caer la tarde.

Se acordó cuando vino su amiga Felicia a tomar el te, mirando el fondo, le dijo:

-         Mirenchu ,¿ tenes topos en el fondo.?

A su paso hacia aquel galpón con sótano, en el guardaban todo lo no se usaba, Bartolomeo la saludo con su graznido de bienvenida, siguiéndola como si fuese su madre. Le lustro el anillo de plata con una franela  especial que dejaba a mano.

Se sintió culpable de no poder ganarle la batalla a su marido con respecto de sus tías. Las había ido a buscar a Paysandú. Ella les había dado un lugar en la casa, y como la mayor parte del tiempo lo pasaba en la consulta , las había llevado allí. Pero fue inflexible.

-         Sacás a tus viejas de la sala de espera, Mirenchu, la casa es grande.

Llego al galpón, el sol hacia despedir un olor fresco del musgo de su puerta. Puso la llave en el candado grande y descorrió la gruesa cadena oxidada. Renzzo siempre estaba por poner luz en el galpón pero lo olvidaba. La puerta al sótano estaba al lado de la entrada, de manera que se veía perfectamente por la luz del día. Tiro de la manija ,- le pondría aceite a esa puerta- y bajo con cuidado los tres escalones, que la separaban de sus tías. Mentalmente se pregunto si haberlas ido a rescatar del olvido y soledad para tenerla encerradas estaría bien.

Las condujo lentamente con cariño y cuidado hacia fuera. El césped estaba bien verde y Bartolomeo se paseaba elegante. El fondo era grande, con piscina, y un Kincho hermoso donde algunas noches hacían asado y se juntaban con amigos. Dos sombrillas con juegos de sillas en madera y lona blanca adornaban el costado de la alberca.

Un banco de plaza verde, y una hamaca de jardín debajo de un Jacarandá, y de frente un aljibe falso con azulejos  pais de calais, que brillaban como encerados.

Ese era el lugar preferido para sentarse con sus tías y darles un poco de trato humano y conversación. Las viejas siempre fueron sus preferidas después de su papá. A propósito de su padre en un mes estaría con ella., y sería una nueva discusión. Pero una compañía para las dos tías. Quizás convenciera a Renzzo de darles un lugar mas cerca de su consultorio.

Mecía la hamaca suavemente, entrecerró sus ojos , tenia hora y media antes de la consulta. Hora y media de luz solar para la tia Lidia y la tia Orlinda, una a cada lado de su cuerpo...

-    ¡Mirenchu, tenes cuatro pacientes esperando...!!La voz de Renzzo la despertó.

-         Bueno ya voy, si no protestaras , podría llevar a las tías a la consulta y así....

-         De ninguna manera, vos y tus cosas raras.

-         ¿Pero que tan de raro tiene.....

-         No discutamos, llegamos a un acuerdo ¿no? Ya bastante tengo con Bartolomeo que se cree perro cuando tenemos gente a comer. ¡ Los cráneos de tus tías se quedan en el galpón !

Autor: Mariela Rodríguez

Iustrado : Juan Sosa Di Cono.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres